Registro, reconocimiento facial, cámaras de vigilancia, datos personales… ¿y si tu país te estuviera espiando?

Hace un año, los periódicos publicaban historias sobre este tema tan polémico en China y sobre la vigilancia de la población.

Nada ha cambiado en la actualidad. China sigue almacenando información de sus ciudadanos de forma masiva y ha puesto a Shanghai en fase de prueba. En forma de puntos positivos y negativos, los ciudadanos/alumnos se dividen para separar el grano de la paja y poner en la picota a los culpables.

 

Reconocimiento facial, represión social

En China, hay contabilizadas más de 200 millones de cámaras de videovigilancia. Cámaras colocadas en espacios públicos para proteger a los ciudadanos. Pero, ¿protegerles de qué?

¿De las descortesías? ¿Del peligro que uno representa con respecto al otro? ¿O la amenaza que representan para la sociedad y el orden establecido?

Aunque había dudas al iniciar el proyecto, actualmente ya no es así. Estas cámaras, dotadas de un algoritmo de reconocimiento facial, son capaces de reconocer 194 puntos del rostro humano. Y así, asociar las imágenes de cada peatón con un nombre. El objetivo es identificar y anotar en el sistema informático todas las violaciones del marco legal de las que el individuo haya sido objeto.

 

¿Qué infracciones pueden ser penalizadas?

Estas infracciones pueden ir desde delitos punibles por ley hasta pequeñas faltas que colman nuestra vida cotidiana (y que probablemente todos nosotros hayamos cometido en el pasado…).

Por ejemplo: fumar en lugares públicos, colarse en el transporte público, cruzar fuera del paso de peatones e incluso dar una opinión pública en contra del Gobierno.

Cada acción cuesta puntos dentro del Sistema de Crédito Social (o nota social). Y así, hasta que el crédito llega a cero.

Una vez se agota el crédito, es imposible acceder a las necesidades más básicas de la vida cotidiana. De hecho, está prohibido comprar billetes de transporte, y por tanto, viajar (en tren y avión), pero también montar una empresa, acceder a la propiedad e incluso inscribir a los hijos en colegios privados.

 

Dividir para vencer

Los “buenos alumnos” también son recompensados. Por ejemplo, los poseedores de un crédito positivo no tienen que dejar un depósito para reservar un hotel. De hecho, el ciudadano que acumula muchos puntos en su crédito social, no necesita demostrar su honestidad y su fiabilidad en el reembolso/pago de sus deudas.

Sin embargo, el propósito de China con todo esto es, por contra, señalar a los malos alumnos. Desde 2013, se contabilizan más de 10 millones de personas en listas negras. Estas listas elaboradas por el gobierno, incluyen personas que rompen las normas, aquellas que “amenazan al Gobierno”.

 

¿Se extenderá este sistema realmente por todo el país?

Para 2020, todos los habitantes de China estarán sometidos a este sistema. Es decir, 1,3 billones de personas cuya información se recopilará y almacenará en la base de datos de Middle Country. China tiene previsto también recopilar pronto datos fiscales, de los juzgados, informes de la policía e incluso…del e-commerce. Las redes sociales, obviamente, tampoco se salvan.

¡Cuidado con los impagos, los timadores y los pagos atrasados!

 

Actualmente, el castigo se puede encontrar en la lista negra. También podemos temer un rechazo de los marginados, de aquellos que tienen algún problema mental.

Y por qué no, en el peor de los casos, temer el nacimiento de un Estado que, más allá de favorecer a las personas con buenas calificaciones, se negarían a integrar a aquellos que no cumplen con los criterios impuestos…

¿Podría interpretarse como una definición de eugenesia?

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