¿Deberíamos gravar los envíos del comercio electrónico?

En junio pasado, se presentó una ley en la Asamblea y el Senado para introducir un nuevo impuesto al comercio electrónico cuya facturación debería superar los 100 000 millones de euros el próximo año. ¿Por qué? ¿Es esto realmente una oportunidad de ingresos o un riesgo económico para algunas empresas?

Gravar sobre entregas de comercio electrónico: ¿oportunidad o riesgo económico?

Obviamente, FEVAD está en contra de este proyecto. Esto es comprensible puesto que esta Federación defiende el comercio y especialmente todo lo que permite que los consumidores compren más y más fácilmente, tanto si residen en el centro de una ciudad como en zonas rurales. Primero se propuso su cálculo en base a 0,50 euros por kilómetro recorrido y después como un porcentaje del precio, según un baremo de zona y un porcentaje variable: cuanto más larga es la distancia de entrega más alto es el porcentaje.

Los diferentes argumentos propuestos

Los argumentos propuestos por los parlamentarios para esta iniciativa de proyecto de ley son de diferentes tipos y merecen un análisis cuidadoso.

1 – la ecología:

demasiados envíos tienen por consecuencia un aumento de la contaminación atmosférica y acústica. Es difícil posicionarse en este debate: ¿es necesario que los clientes continúen recorriendo kilómetros con su propio coche?, o ¿se podrían compartir los desplazamientos y por  tanto reducirlos optimizando las rutas de reparto con  vehículos limpios, drones o robots impulsados ​​por energías renovables?

2 – la economía del centro de las ciudades:

¿el comercio electrónico destruye el comercio local de la misma manera que lo habrían hecho las grandes superficies durante los últimos 30 años del siglo XX? Aquí nuevamente surge la controversia. La evolución de la experiencia del cliente urbano muestra que este último prefiere quedarse cerca de casa para comprar en vez de soportar los atascos para llegar a los centros comerciales. Por otro lado, se puede argumentar que lo que salva al comerciante es, sobre todo, su conocimiento del negocio y la calidad de la relación que puede forjar con sus clientes. Si no, ¿cómo explicar el éxito de los food trucks ?

3 – Hacer que los GAFA paguen:

esta lucha que la Nación establece para luchar contra la pérdida de ganancias en forma de tasas e impuestos que no pagan los grandes actores estadounidenses, ¿es una historia recurrente? Evidentemente, el éxito de Amazon (por hablar solo de uno) sugiere que un pequeño impuesto adicional, no le impediría en absoluto prosperar  y podría aportar mucho al Estado que carece de ingresos fiscales.

Sin embargo, el impuesto también se aplicará a las pymes francesas que logran abrirse camino bajo la estela de la empresa estadounidense y logran crecer con márgenes extremadamente bajos. Los impuestos nunca han matado a los más ricos. Pero, ¿no penalizan generalmente a los más débiles?

El reto de la regulación también es válido para el comercio electrónico, un negocio liberado por Internet que cruza las fronteras y las aduanas tan rápido como una conexión a un satélite. Querer gravar a los que se benefician de un negocio es una costumbre popular pero peligrosa. Hacer la entrega de forma correcta a los clientes es una necesidad para cualquier comerciante, y no parece obvio que un impuesto a los envíos pueda cambiar las expectativas y los comportamientos de los consumidores.

Las empresas de logística y repartos están en pleno apogeo y el desarrollo del comercio electrónico solo alcanza por el momento el 10% del comercio mundial. La urgencia de estos impuestos no parece estar demostrada y no hay nada que indique que tendrá un impacto positivo, como lo confirman los mismos parlamentarios. Desarrollar nuevas tecnologías para reducir el impacto negativo de los envíos debería ser una vía que aportara más esperanza…

 

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