¿Garantizan los micrófonos de vigilancia las libertades individuales o por el contrario las suprimen?

Hace unas semanas os hablábamos de la videovigilancia en zonas urbanas y del problema que supone su generalización. Hoy en día, la tecnología está experimentando un gran impulso en el terreno de la protección civil, y por tanto, en el dominio de la vigilancia, especialmente el audio. Si, en efecto, cualquier captura de imagen constituye la comisión de un delito y es motivo suficiente para un arresto o una condena, la escucha no se queda atrás.

La audio-vigilancia en el punto de mira de la justicia

En Francia, se ha comenzado a hablar mucho de los micrófonos de vigilancia desde que la ciudad de Saint Étienne anunciara su voluntad de incorporarlos al paisaje urbano. Jean-Pierre Berger, Adjunto de Vivienda, y Jean-Noël Cornut, Teniente de Alcalde a cargo de Sistemas de Información y Comunicación aseguraron querer crear una “smart city” por medio de objetos conectados.

Este sistema de micrófonos instalados en el espacio público pretende asegurar la tranquilidad de los 7000 habitantes del distrito de Tarentaize-Beaubrun-Couriot de la ciudad de Saint-Étienne. De este modo, Loira sería el primer departamento en experimentar esta idea, que tiene una duración prevista de 6 meses.

Sin embargo, Sébastien Valla, Director de Sistemas de Información y Digital de la ciudad de Saint-Étienne desea tranquilizar a sus habitantes. De hecho, afirma que el sistema no permite grabar conversaciones.

“Estos micrófonos podrán detectar a través de algoritmos cualquier ruido sospechoso, como un accidente o un disparo. A continuación se enviará una alerta automática a las autoridades.”

Los micrófonos de vigilancia en el microcosmos  de las empresas

Estados Unidos, ocurre todo lo contrario: no se realizan injerencias en el espacio público, sino a nivel profesional. Walmart ya ha manifestado su intención de instalar micrófonos en las cajas registradoras de sus tiendas. Esta decisión, a pesar de no ser bienvenida, no ha generado tanta controversia como cabría pensar.

Algunos lo ven como un intento, encubierto para algunos, claramente manifiesto para otros, de “espiar” a sus empleados.  Walmart se defiende arguyendo que su único deseo es medir la productividad. De hecho, este sensor capaz de detectar la cantidad de pitidos por minuto también podría grabar otros sonidos, en particular las conversaciones de los empleados.

El problema ético de la audio-vigilancia

Instalar micrófonos de vigilancia es, por tanto, un arma de doble filo. Por un lado, está el objetivo de medir la afluencia de personas, que permitiría optimizar el flujo de las mismas. Y por otro, la amenaza de un uso incorrecto y la paulatina muerte del espacio privado en el ámbito profesional. Un ámbito en el que el empleado ya no tendría libertad para actuar según su voluntad, sino que debería obedecer las reglas de su empresa como buen empleado que es, dejando de lado lo que le convierte en individuo para fundirse en la masa salarial.

De este modo, la verdadera pregunta sigue sin respuesta: ¿estamos preparados para aceptar la inteligencia artificial, la evolución y la intrusión de la tecnología en la seguridad si eso significa sacrificar nuestra libertad individual?

¿Y son la seguridad y el aumento de los beneficios razones suficientes para justificar la vigilancia constante del espacio público o del ámbito profesional?

Walmart ya ha patentado su sistema de escucha. Pronto debería ponerse en funcionamiento en sus disversas tiendas. El futuro nos dirá si esta iniciativa será imitada y si dará ideas a otros gigantes de la distribución a escala mundial.

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