2 ejemplos de innovación en smart cities para proteger las ciudades de las olas de calor

En lugar del fin del mundo, es más bien el comienzo de una toma de conciencia del nefasto impacto medioambiental del hombre en el planeta. El siglo XXI marcó el inicio de leyes, innovaciones y buenas prácticas que favorecen la resiliencia de la población a los riesgos climáticos. En la actualidad, las olas de calor, sobre todo a partir de 2003, se han convertido en una prioridad.

Aunque la idea del redactor de partir de un escenario apocalíptico o distópico queda lejos, las temperaturas del verano de 2019 han dejado su huella en la historia. Tanto es así que el jueves 25 de julio de 2019 han marcado récords (Météo France)

  • 42,6° en Francia, en París concretamente (superando el récord de 1947 también en París)
  • 48° en Grecia (marcando el récord europeo absoluto)
  • Anchorage, Alaska, ha registrado su segundo mes de junio más caluroso de la historia con 32º de máxima (el promedio para un mes de julio es normalmente de 3,4° en esta latitud)
  • En Churu, al norte de La India, se registraron 50,8° el día 1 de junio
  • 38º en Praga
  • En Girona, España, 44º
  • 37º en Nueva York, pero con una sensación térmica de 43º el domingo 21 de julio de 2019

 

El planeta estaría viviendo su período más caluroso en 2000 años. Météo France también ha estimado que estas temperaturas eran equivalentes a la “temperatura máxima promedio en Bagdad en julio” y que la frecuencia de las olas de calor se duplicaría indudablemente para 2050.

De hecho, las temperaturas rondarán los 50° C, mientras que la población mundial alcanzará los 9800 millones de habitantes, de los que un 66% vivirá en zonas urbanas (informe de la ONU de 2014).

Para protegerte de la ola de calor, ¡pásate a lo verde!

¿Recuerdas las clases de ciencias de de la E.S.O.?

Si el fenómeno de la fotosíntesis no te dice nada, te dejamos un pequeño recordatorio: las plantas tienen la capacidad de transformar el CO2 en carbono orgánico y de devolver oxígeno a la atmósfera.

De esta afirmación nace la arquitectura biónica, es decir, la ecologización de los edificios y que tiene 2 objetivos:

  • Aislar los edificios y crear zonas frescas mediante la absorción del calor
  • Reoxigenar el aire mediante la absorción de CO2 contenido en la atmósfera

Todas son buenas iniciativas a tomar según Vincent Callebaut, especialista en este campo. Éste es conocido por haber publicado el estudio “París Smart City 2050” en 2015 en el que propuso transformar la Tour Montparnasse en “un Central Park vertical de 58 plantas“.

Del cultivo individual en huertos ecológicos en balcones a jardines comunitarios e invernaderos urbanos… Todos estos ejemplos contribuyen a la bioclimatización de las ciudades con un menor coste.

París también planea para 2020 la ecologización de 100 hectáreas de techos, fachadas y zonas urbanas abandonadas (= terreno baldío).
La capital francesa incluso ha previsto utilizar 1/3 para la producción de frutas y verduras.

En la misma línea, Cueillette Urbaine, una start-up francesa, propone la creación de un “huerto participativo” en los techos de sus oficinas.

De hecho, además de trabajar en espíritu de equipo, esta granja urbana tiene como objetivo desarrollar el consumo local de productos agrícolas naturales al tiempo que mejora el entorno de vida de la población mediante la ecologización del espacio urbano.

Cueillette Urbaine cumple con 9 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

Revestimiento de los suelos: un campo que continúa siendo poco claro

Solucionar las islas de calor urbanas es esencial para paliar el fenómeno de las olas de calor. Ciudades azotadas: así se define la concentración de calor en las megalópolis. Según le Monde, hace 2,5°C más en París que en un barrio de las afueras, y además apunta que la temperatura puede aumentar de 10 a 12° más por la noche.

Sin embargo, al contrario de lo que imaginamos, el calor de la ciudad no solo procede de los edificios. De hecho, el suelo constituye una preocupación importante. En efecto, el asfalto retiene el calor. Por tanto, el asfaltado de las calles evita que el calor se disipe incluso por la noche.

Una solución podría ser el albedo, que consiste en un enfriamiento del suelo por el reflejo de una superficie expuesta a la luz. Este revestimiento especial devuelve directamente la radiación solar al cielo, en lugar de a los edificios.

 

 

En Los Ángeles, este proceso ya ha obtenido resultados. Esta técnica de revestimiento de carreteras ha conseguido reducir la temperatura unos 10° en algunas áreas de Jordan Avenue, una de las zonas más calurosas de la ciudad.

Quimper también probó esta novedosa técnica en 2015. Se trata de un hipermercado Leclerc del área metropolitana que ha cubierto su techo de 7000 m² de pintura blanca reflectante. Actualmente, la tienda bretona es el techo fresco más grande de Europa  (“Cool Roof“). Según el Moniteur, Leclerc incluso afirmó haber reducido su temperatura en más de 20°C y logró un ahorro anual de electricidad de 20.000 € (en términos de climatización). Sin mencionar la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de más de 175 toneladas equivalentes al CO2.

 

La mejor protección, prevención

Pero la pregunta sigue sin respuesta: ¿Podrán estos edificios con energía positiva limitar el efecto invernadero adicional, responsable de estos considerables aumentos de temperatura?

Solo el futuro nos lo dirá. El comienzo del siglo XXI está marcado por la toma de conciencia mundial. Debemos aceptar que estamos en una fase de transición, que los medios establecidos solo están en fase de experimentación.

Pero antes de pensar en la capacidad de resiliencia de los proyectos de smart city frente a las olas de calor, ¡también debemos hablar de prevención!

¡No te olvides de hidratarte regularmente y de recordárselo a las personas de tu entorno!

 

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