Las inundaciones representan el principal riesgo de desastre natural en Francia. Este último año ha tenido un nivel de precipitaciones peligrosamente elevado. París e Ile-de-France registraron el equivalente a tres meses de precipitaciones en tan solo 4 días – un auténtico récord. El río Sena inundó los márgenes de la capital, alcanzando 6,10 metros de altura.

Según la Asamblea de departamentos franceses, los servicios de rescate y de bomberos del municipio realizaron aproximadamente 12.000 intervenciones que conllevaron la participación de casi 3.000 bomberos. Dado que nos enfrentamos a estos riesgos tan significativos, ¿cómo pueden organizarse los servicios gubernamentales de asistencia?

Un Plan de protección comunitario incluye medios para la supervisión y la alerta a la población. En caso de catástrofe grave, es posible activar a nivel ministerial tanto los medios especializados como los medios nacionales. Para la prevención del riesgo de inundación, la ciudad de París está bajo los auspicios del estado. Durante las inundaciones en Ile-de-France, hubo una gran demanda de servicios de salvamento. Se desplegaron barreras móviles en los distritos más vulnerables, se cerraron algunos espacios públicos y se habilitaron lugares de alojamiento.

No obstante, a pesar de la estrategia nacional para mejorar la educación, preparación e información de la población, numerosos hogares se encontraron muy rápidamente bajo las aguas.

¿Cómo advirtieron las autoridades a la población de esta inundación?

Las alertas son competencia de las autoridades locales y regionales. No todas las comunidades tienen a su disposición las mismas herramientas. Algunas enviaron mensajes de alerta mediante SMS y utilizaron las redes sociales para informar a la población. Sin embargo, la gran mayoría utilizó vehículos y coches patrulla equipados con altavoces.

¿Qué lecciones podemos aprender de estas últimas inundaciones?

Los acontecimientos de junio fueron una anomalía. No obstante, según los expertos en este tema, las inundaciones se están volviendo más habituales. Se necesita un cambio de paradigma. Tanto la vigilancia y el análisis como el conocimiento de las vulnerabilidades son imprescindibles, y es necesario, en este sentido, estudiar, preparar e implementar en todo el país la puesta en marcha de planes de prevención y planes de acción adecuados. Las comunidades deben estar preparadas para enfrentarse a cualquier tipo de desastre, no solo a las inundaciones. Es decir, catástrofes naturales, riesgos tecnológicos y terrorismo.

¿Cuál podría ser el valor añadido de un modelo de gestión de riesgos digital?

Una aplicación de alertas para la población lanzaría una prealerta a la población y a las organizaciones públicas o privadas afectadas por la emergencia. Gracias a los smartphones, la ventaja reside en la posibilidad de restringir la transmisión según la geolocalización de las personas para evitar situaciones de pánico masivo. Las personas informadas podrían así reaccionar y adoptar las medidas necesarias para limitar el impacto y las consecuencias del riesgo. Podrían, asimismo, informar a las personas potencialmente afectadas.