¿Pueden las ciudades inteligentes salvar el mundo?

Un investigador del MIT así lo afirma, pero preguntémonos, ¿por qué? Carlo Ratti, director del Senseable City Lab del MIT incluir el enlace hipertexto en la publicación, cree que el Big Data puede cambiar la forma en que habitamos las ciudades por completo. Sin embargo, la primera observación que hace es una denuncia del uso exagerado del término “ciudad inteligente”, ya que no son tanto los problemas a los que se enfrentan las ciudades modernas los que están cambiando, sino las herramientas tecnológicas y la forma en que las utilizamos.

 

La era de Phygital

Por lo tanto, cualquier cuestión de la ciudad inteligente podría resumirse en la integración de Internet (y los datos) en el mundo físico de la ciudad. En la era “figital”, esta mezcla en la experiencia entre la vida real y la vida digital, resulta urgente entender cómo funciona una aglomeración de habitantes en términos de consumo de recursos, contaminación y desplazamientos. Así, por ejemplo, París y Brasilia no funcionan del mismo modo. La arquitectura, el urbanismo y su evolución a medida que se transforman o rehabilitan los barrios son elementos que apenas modifican el modelo inicial. En cambio, el comportamiento de los ciudadanos y los medios que se les proporcionan están en constante evolución.

 

Considerando los medios de transporte o los hábitos de compra y de entrega de mercancías, ya tenemos una idea de este cambio perpetuo que afecta a todos los datos operativos de una ciudad. Llegar al trabajo en patinete o en scooter eléctrica compartida en lugar de en autobús o en vehículo propio, cambia las rutas, los tiempos de viaje y las emisiones de gases de efecto invernadero. Y esto es también aplicable, aunque de manera diferente, en Nairobi o en Nueva York. Hay que recordar que las zonas urbanas, que ocupan el 2% de la superficie del planeta, albergan al 50% de la población (con una proyección del 75% en 2050) y consumen el 75% de nuestra energía, causando casi el 80% de la contaminación global.

 

El reto de la ciudad inteligente

El reto de la ciudad inteligente no es, por tanto, construir de cero -aunque Google se haya embarcado en la aventura de crear una ciudad entera (Quayside Google), sino analizar con precisión los datos emitidos por cada megalópolis y deducir los procesos que conducen a la optimización de su funcionamiento. Este principio adoptado por Carlo Ratti se centra más en una visión de abajo hacia arriba, más adaptada porque tiene en cuenta los nuevos comportamientos de los habitantes y su capacidad para adoptar los avances tecnológicos.

 

Big Data al servicio de nuestras ciudades

El mundo se mueve al ritmo frenético de la innovación y el desarrollo de las ciudades en las que vivimos está directamente relacionado al poder de adaptación del ser humano en un entorno cambiante. El Big Data debe permitirnos comprender mejor y ajustar los modelos existentes, devolviendo un poco de agilidad a los gigantes con pies de barro que son nuestras ciudades. Al presentar las ventajas de la hiperconexión, al involucrarnos cada uno de nosotros en un cambio positivo y dinámico, el Big Data se vuelve más atractivo y menos aterrador.

Es la apuesta optimista pero apasionada de un investigador que quiere salvar nuestro planeta.